“Nosotros trabajamos con vidas”: el desafío de acompañar a quienes educan después del terremoto

Francis Pacheco, docente de la U.E.P. Simón Bolívar de Fe y Alegría, en Caraballeda, comparte cómo ha vivido estos meses junto a sus estudiantes y familias. Su testimonio pone en el centro una necesidad fundamental: quienes acompañan a otros también necesitan espacios para ser escuchados, expresar lo vivido y recibir apoyo.

Para Francis Pacheco, ser docente va mucho más allá de impartir una asignatura. Desde hace aproximadamente cinco años forma parte de Fe y Alegría y actualmente enseña Biología en la U.E.P. Simón Bolívar, en Caraballeda. Allí ha construido una relación cercana con sus estudiantes y sus familias.

“Ser la mamá de cada niño para mí es bastante gratificante”, cuenta al hablar del vínculo que mantiene con ellos. Un vínculo que, después del terremoto del 24 de junio, también la ha llevado a compartir de cerca sus pérdidas, temores y cambios de vida.

Desde los primeros días posteriores al terremoto, Francis salió a encontrarse con sus estudiantes. Algunos pudieron decirle que estaban bien; otros le contaron que habían perdido sus viviendas o a personas de sus familias.

Casi tres meses después, volver a encontrarse con ellos y con sus representantes supone un desafío emocional para quienes forman parte de la comunidad educativa.

“Nosotros trabajamos con vidas, con niños”

Francis reconoce que regresar a la dinámica educativa no significa dejar atrás lo ocurrido. Cada encuentro puede traer consigo una historia, un recuerdo o una ausencia.

“Nosotros trabajamos con vidas, con niños”, expresa al reflexionar sobre la responsabilidad que tienen los docentes en este momento.

Para ella, una de las mayores preocupaciones es cómo acompañar a los estudiantes cuando vuelvan a encontrarse en la escuela, especialmente a aquellos cuyas vidas cambiaron profundamente después del terremoto.

Su propio vínculo con los niños hace que esa tarea tenga una dimensión profundamente personal. Francis cuenta que muchos de sus estudiantes forman parte de su cotidianidad, comparten con sus hijas y han encontrado también en su hogar un espacio de cercanía.

Por eso reconoce que el proceso no es lineal: hay días de fortaleza y otros en los que las emociones pesan más.

Cuidar a quienes cuidan

En medio de su testimonio aparece una necesidad que muchas veces queda detrás de la responsabilidad de acompañar a otros: los docentes también necesitan apoyo.

“Nosotros necesitamos ese abrazo, nosotros necesitamos esa palabra que nosotros damos”, afirma.

Francis explica que, muchas veces, quien ofrece tranquilidad o una palabra de aliento también está atravesando su propio dolor. “A veces estamos más rotos que esa persona”, reconoce.

De allí la importancia que atribuye al cuidado al cuidador: contar con espacios donde docentes y otras personas que sostienen a sus comunidades puedan hablar, expresar sus emociones y sentirse acompañados.

Para Francis, encontrarse con sus compañeros, conversar, reír y compartir lo que sienten también representa una forma de aliviar parte de la carga emocional acumulada durante estos meses.

Acompañar para seguir educando

El testimonio de Francis muestra una dimensión de la emergencia que no siempre puede verse en las afectaciones físicas de una escuela: el impacto que permanece en quienes tienen la responsabilidad de recibir nuevamente a niños, niñas y adolescentes.

Docentes que acompañan a estudiantes y familias mientras ellos mismos procesan lo vivido. Personas que ofrecen palabras de aliento, aun cuando también necesitan escucharlas.

En Caraballeda, ese acompañamiento será parte del camino que tiene por delante la comunidad educativa.

Porque después de una experiencia como esta, sostener la educación implica también escuchar, acompañar y cuidar a quienes cada día cuidan de otros.

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